lunes, 24 de junio de 2013

Paco Peñarrubia hablando sobre Terapia Transpersonal

(Tiempo estimado de lectura: 8 minutos)

En el marco de las 13as Jornadas de la AETG (Asociación Española de Terapia Gestalt) secuestramos un ratito a Paco Peñarrubia para que nos aclarase algunas cosas sobre el aspecto transpersonal de la terapia gestalt.
¿Cómo explicarías tú lo que es la terapia transpersonal?
Se me ocurren dos maneras de responder a esta cuestión:
Una, creo que la terapia transpersonal se ha ocupado de recuperar algunos temas que no estaban presentes en las psicoterapias convencionales: los estados extasiásticos, experiencias cumbre, como decía Maslow, o bien esos momentos especiales que todos reconocemos, como emocionarnos ante un paisaje. Esta recuperación ha sido obra de la psicología humanista.
Por otro lado, se trata lo que Claudio Naranjo llama una espiritualización de la psicología o más concretamente de la psicoterapia. Para el paradigma científico todo lo religioso y espiritual es sinónimo de creencias, con lo que eso conlleva de introyecto, de normas sobre el bien y el mal, normas de conducta, etc pero eso no es lo esencial del asunto. Si el nombre se cambió políticamente, es porque hablar de psicoterapia espiritual levantaba ampollas. Quien más y quien menos ha tenido una educación religiosa basada en valores externos y autoritarios (las iglesias), mientras que la experiencia espiritual es personal e intrínseca. Hay quien cree que ésta es la terapia que va más allá de las psicoterapias, y está bien verlo así, si aceptas que lo personal está antes de lo trans.
Transpersonal significa atravesar lo personal, lo falso, la máscara, trascender los límites de la persona, del ego, recuperar el aspecto espiritual del ser humano. Para ello hay que empezar precisamente por lo personal que es la programación biográfica, la neurosis, algo que sí se puede trascender, pero en cualquier caso no saltárselo.
Lo malo está en que se salta; la gente piensa que las experiencias transpersonales se logran apuntándose al pensamiento positivo, a los valores de la libertad y de la armonía… valores muy importantes, pero no hay que negar los aspectos dolorosos que se trabajan en la psicoterapia tradicional y que tienen que ver con la biografía, con los aspectos más oscuros de cada cual.
¿Qué visión tienes de lo que está pasando en la actualidad con el tema de lo transpersonal en lo referente al crecimiento desmesurado de tiendas que se dedican a este tema?
A mí me parece que es un parásito de un movimiento genuino, algo que se pega y contamina por su aspecto comercial. Ya no importa el contenido de las cosas sino su mercantilización, y lo que se venden son meros símbolos.
Hay mucho supermercado espiritual pero, cuando hablas con la gente que lo promueve, sientes que no son tanto buscadores genuinos sino buscadores evitativos, buscadores de la senda fácil. Así que eso se presta a comercialización porque el público busca cosas buenas y que le eviten lo ingrato del camino. En cierto modo es inevitable, es la parte superficial que todo movimiento conlleva. Seguramente decaerá con la misma rapidez con que nació. Creo que no tiene mayor importancia, en cada época ha habido mercaderes. Uno puede, como Cristo, tomar la opción de arrojarlos del templo, o convivir con ellos y desarrollar la paciencia. Quizás hasta sea una bendición, como si sirviera para que la gente que busca superficialidad la obtenga, mientras que los buscadores serios tengan que insistir.
En lo referente a lo que está apareciendo con el título de terapia transpersonal “seria”, que se presenta como un pupurri de diferentes tradiciones espirituales (budismo, cuarto camino, chamanismo, etc) sin coherencia, ¿cuál es tu opinión?
Para que eso sea coherente hace falta que el instructor o maestro sea una persona de conocimiento, cuando la gente tiene un buen maestro hace un camino, el camino que sea, por una tradición o por otra. Como dicen las profecías de fin de siglo, “vendrán muchos anti-Cristos” y eso tiene que ver con los falsos mensajeros que muestran verdades parciales y hay mucha gente que se hipnotiza con esas medias verdades. Pero si uno decide hacer un trabajo más profundo, va a encontrarse con desiertos, momentos buenos y momentos malos, por eso hace falta tener constancia y entregarse al maestro. Esto último es muy importante, ya que mucha gente no se entrega al trabajo espiritual del maestro, sino que coge lo que le interesa (que suelen ser las técnicas) y eso no es un acto de entrega, no es iniciar un camino espiritual, ni siquiera terapéutico. El camino en cuestión es peliagudo y hace falta entregarse y tener un guía que lo cual no se da siempre.
¿Qué aporta la Gestalt a la terapia transpersonal? ¿Podría decirse que la continuidad lógica del trabajo gestáltico es un trabajo espiritual?
Yo creo que toda terapia lleva a lo espiritual y a lo artístico, por definición. De la Gestalt a mí me interesa resaltar dos cosas:
Una es que cuando Fritz Perls fue a Japón, en su viaje lo que estaba buscando era una espiritualidad sin dioses, centrada en el ser humano y pensó que eso se lo podría dar el Zen, pero a la vuelta viene diciendo que no ha encontrado lo que buscaba. Creo que esa es la versión que él da del asunto, pero en el fondo fondo, no es así. La Gestalt es un cripto-budismo -en palabras de Claudio Naranjo-; el trabajo del “aquí-ahora”, de la atención; el trabajo meditativo del continuum de conciencia, la idea de desapego que implica un pensamiento diferencial (quedarse en un punto cero y observar las cosas), todo eso es profundamente budista. Por eso yo creo que Fritz encontró lo que estaba buscando; La Gestalt es una especie de religión sin Dios, de espiritualidad al margen de las iglesias, pero sus principios básicos a mí me parecen eminentemente espirituales. Muchos gestaltistas lo toman como puras técnicas y dicen: ” yo trabajo polaridades para integrar”. Eso está bien, hasta ahí vale, pero si el que está integrando polaridades ha hecho un trabajo sobre sí, transmite un punto de desapego que hace que ese trabajo vaya más allá de la pura integración de polaridades.
La otra cosa que tiene de original la Gestalt es que propone una espiritualidad muy humana. Se ha creído que la Gestalt era una técnica demasiado materialista porque Perls daba una imagen de terapeuta sádico, provocador, hedonista; demasiado poco espiritual, pero, si uno lo mira profundamente, la esencia de la espiritualidad gestáltica es que le da el mismo valor a los infiernos que a los cielos, le da el mismo valor al loco que al cuerdo, al vicioso que al santo. Es una terapia que ha trascendido esa visión negativa de lo instintivo y eso es esencialmente espiritual, como una religión que hubiera incluído el demonio y la locura, es decir, lo incorrecto políticamente pero humanamente integrador.
Mencionas lo artístico como vía de continuidad similar al camino espiritual, ¿las asocias?, ¿es lo artístico una vía alternativa?…
El acto creativo es un acto espiritual y el acto espiritual es una acto creativo. Artista y buscador son sinónimos. Y el terapeuta tiene los dos aspectos, porque en el fondo, fondo, la experiencia es la misma. La experiencia artística espiritual es una experiencia de vacío, es un instalarse en el vacío y dejarse, entregarse a la experiencia que venga. El artista se entrega, el buen artista es el que sí se deja inspirar por las musas, como dice el tópico. El terapeuta se deja guiar por su intuición.
Se trata de dejar el grifo lo suficientemente abierto para que la cosa pueda fluir y cuando fluye es un acto de gracia, que viene de la fuente profunda. Yo no puedo separar lo espiritual y lo artístico, como experiencia última es exactamente lo mismo, ambas proceden de la rendición, de la fe en el propio fluir.
¿Cómo se realiza este proceso?, ¿cómo pasar de una Gestalt personal a una Gestalt trans-personal, en el sentido del yo?. Algunos procesos terapéuticos en Gestalt parece que convierten a los pacientes en ególatras, ¿cómo pasar de lo, necesariamente, egocéntrico a lo compasivo, en términos budistas?
Cada técnica tiene su propio peligro de contaminación y como dijo Goodman, el mecanismo neurótico que genera la propia Gestalt puede ser el egotismo. Tanto insistir en el yo, en ser tú mismo, en hacerte responsable de ti y seguir tus inclinaciones… que eso a veces hace que se inflame, se inche demasiado el yo.
Es cierto que la terapia Gestalt tiene ese peligro, pero yo creo que es una prueba del camino; que es parte del proceso, Lo mismo sucede en el trabajo espiritual: hay pequeñas mejoras que a uno le hacen creerse iluminado. También se produce una inflación del ego; eso no es más que la antesala de la caída, así pues, que esto ocurra no es malo, simplemente indica que después va a venir lo otro. En esa bajada se va dando un proceso de madurez, el “yo” gestáltico empieza a tener la misma igualdad que el “tú”, uno sabe que “soy yo porque estás tú”, y eso configura una nueva Gestalt, más compasiva, más humana.
El entusiasmo egótico de los inicios es inevitable, sin ese estímulo ningún buscador recorrería más allá de los primeros tramos, hace falta esa gasolina egóica para andar. La paradoja del asunto es que cuando ya estas acostumbrado a ese combustible lo pierdes y ya no puedes volver atrás, te toca seguir delante. Ahí está el proceso alquímico de la depuración.
¿Qué pasa con la persona que quiere hacer camino y lo que hace es picotear aquí y allá? ¿Qué referentes tiene una persona de a pie: entregarse a la búsqueda y, en un momento dado, tirarse por el camino que más le toque el corazón?
¿Cómo descubrimos el amor en la adolescencia? ¿Qué hace un adolescente? Pues enamorarse una y otra vez, hoy de una y mañana de otra y al año siguiente de otra; necesita picotear de todos los sitios, porque el proceso de búsqueda se basa en esos tanteos. Yo creo que esos buscadores que originalmente tienen un buen impulso, aunque empiecen picoteando de todos los lados, antes o después acaban centrándose. Por supuesto, también existe el eterno adolescente y más de uno que se queda “colgado”; pero incluso los colgados acaban acudiendo a terapia, así que antes o después tambien enferman y esa enfermedad forma parte del camino, Equivocarse es bastante instructivo.
¿Porque se tiende a definir lo transpersonal como algo por encima de lo personal?
Para mí lo importante es la travesía, es el trans, pero ¿por donde empiezas? por la personalidad, por el carácter según el eneagrama, por la neurosis infantil… Llámese como se llame, todos tenemos una identificación con un autoconcepto, nos hemos identificado con una parte de nosotros parcial y el trabajo psicoespiritual trata de disolver, de atravesar esto.
Es transpersonal un trabajo de polaridades donde alguien dice: “yo me creía bueno y me doy cuenta de que soy bueno y malo”; esa persona ya ha traspasado el auto-concepto de “bueno”, ha incorporado que también es malo, ha empezado la travesía. Hasta dónde vaya a llegar, eso es parte de la travesía.
Lo que pasa es que todos los movimientos, cuando empiezan, tienen una parte competitiva: la psicología humanista vino reaccionando contra el psicoanálisis, la psicología transpersonal viene reaccionando contra la psicoterapia humanista y así sucesivamente. Cada una trae la pretensión de estar por encima de la otra. Pero ni encima ni abajo es aquí lo importante: lo esencial es el trans.
La vida es una travesía, la terapia es una travesía y la espiritualidad no es sino otro sinónimo de atravesar. Es como hacer el camino de Santiago: al final de la travesía uno llega cansado y medianamente purgado. Pero de hecho no acaba el camino en Santiago, acaba en Finisterre, que significa el final de lo terrenal, de lo pasional. Lo siguiente debe ser morirse en sentido real o figurado. El trayecto se hace para aprender a bienmorir, aunque a veces digamos que es para aprender a vivir mejor.
:: Món Ballester, Antonio Gómez y Natatxa Molina ::

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