domingo, 20 de enero de 2013

¿Te atreves a soñar?


Es un vídeo muy interesante y ameno que nos ayuda a creer en nosotros mismos a la hora de avanzar en esta vida.






Subido a youtube por InKnowation España

sábado, 22 de diciembre de 2012

Reflexión sobre la autoestima, extraída del libro "El niño feliz" de Dorothy Corkille


¿Qué es la autoestima?. Es lo que cada persona siente por sí misma. Su juicio general acerca de sí mismo, la medida en que le agrada su propia persona en particular.

La autoestima elevada no consiste en un engreimiento ruidoso. Es, en cambio, un silencioso respeto por uno mismo, la sensación del propio valor. Cuando uno la siente en lo profundo de su ser, se alegra de ser quien es. El engreimiento no es más que una delgada capa que cubre la falta de autoestima. La persona con autoestima elevada no pierde el tiempo en impresionar a los demás: sabe que tiene valor.

martes, 18 de diciembre de 2012

Reflexión de Carl Rogers

Me ha encantado esta reflexión de Carl Rogers, uno de los creadores del enfoque humanista en psicología. Su terapia se denomina terapia no directiva, o terapia centrada en la persona.


"Me doy cuenta que si fuera estable, prudente y estático; viviría en la muerte.
 Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo, y los altibajos emocionales, porque ése es el precio que estoy 
dispuesto a pagar por una vida fluída".

Carl Rogers


Y estoy totalmente de acuerdo con ella, y más en el mundo en el que vivimos. Queremos todo estático, todo seguro, y nos volvemos locos tratando de controlar todo a nuestro alrededor, la enfermedad, la vida, la muerte, el trabajo, ..., todo que sea bien seguro, y en parte apagamos la vida, y la espontaneidad que subyace detrás de ella. 

Limitando el dolor, también limitamos la alegría. No dejamos espacio para la vida, para que entre en nosotros lo que tenga que entrar, por el miedo a lo inesperado, al sufrimiento, al dolor, y en consecuencia,  podamos también  lo bueno que podría darnos la vida si permaneciéramos abiertos, pero permanecer abiertos es perder el control, y eso nos hace sudar.



Muchas veces vemos países subdesarrollados, en donde el caos, y la aparente penuria les invade, y se ve gente con una sonrisa en la boca, y unos ojos de felicidad auténtica que da gusto verlos, lejos de la mirada apagada de la sociedad consumista, y del supuesto bienestar, y dices: ¿quién es más pobre?. A ellos sólo les queda vivir el presente, con todo lo bueno y malo que ello acarreé, no tienen otra opción, así que sólo les queda la vida, y enfrentarse a ella con todas sus consecuencias, de eso tenemos que aprender, de enfrentarnos a la vida con todas sus consecuencias, y aquí lo tendríamos más fácil que allí si dejáramos de controlar tanto, y nos apegáramos tanto a lo seguridad. Hay una base de bienestar que ya la hemos conquistado, ahora sólo queda volar, y explorar un poco más fuera de nuestro nido a pesar de la ansiedad que eso pueda producir.




viernes, 16 de noviembre de 2012

Vídeo: "Sé como tú eres" de Fritz Perls



Subido a youtube por davidtheharper, gráficos y música de David Kettlewell

Fritz Perls fue el fundador de la Terapia Gestalt.

Vídeo: "Mujeres que corren con los lobos"



Es un vídeo interesantísimo subido a youtube por mariabuenog.

No se puede definir bien con palabras, es de una profundidad total, y de una belleza increíble.

sábado, 6 de octubre de 2012

Baja autoestima


Tener autoestima, como el propio nombre lo dice, tiene que ver con estimarnos, tenernos en cuenta, escucharnos, priorizarnos.
Una persona con autoestima, tiene estima en sí misma, se escucha, escucha sus necesidades, y las lleva a cabo. Es una forma saludable de buscar el pan para uno mismo.  

Alguien con baja autoestima, no cree en sí mismo, piensa que los demás son más capaces que él para enfrentarse al mundo, así que todo lo deja en manos de otros. No se responsabiliza de sí mismo, porque no confía en él, así que para conseguir el  sustento que todos necesitamos (de todo tipo, amoroso, monetario, etc…), utiliza juegos de manipulación, formas indirectas de obtener lo que desea. El esfuerzo que se usa al manipular o conseguir el sustento de forma indirecta es inmenso.

En la medida que nos dejamos en manos de otro, y no asumimos nuestra propia responsabilidad, nos vamos deteriorando, ya que estamos cada vez más alejados de nuestro ser.

Es duro enfrentarse a la vida, no es complicado, requiere mucha valentía y arrojo, pero una vez nos enfrentamos a vernos, sin enmascararnos, sin edulcorar la realidad, descubrimos nuestra fuerza, y crece nuestra autoestima de forma exponencial.


Es un trabajo de poquitos, de pasitos pequeños, grandes, todos valen para descubrirnos, independizarnos, ser autónomos, y libres, sino siempre dependeremos, en lugar de libremente elegir lo que queremos para nosotros. Una pequeña independencia ya es mucho.

Lo que sí puedo asegurar por experiencia propia es que a medida que uno hace terapia, cada vez uno se siente mejor, más autónomo, más libre, y aunque siempre hay dificultades, las que enfrentamos con más ligereza, y descubrimos los recursos que antes no poseíamos.




No hace falta ser perfectos para sentirnos a gusto en nuestra piel, simplemente ser más generosos, menos exigentes, aceptarnos más y mejor, conocernos mejor, y caminar pasito a pasito. 



sábado, 16 de junio de 2012

Lo perfecto no existe


Lo perfecto es lo que cada uno puede hacer en cada momento. 

No hay que flagelarse por lo que no se hizo, sino por lo que se puede hacer en este momento. 

martes, 31 de mayo de 2011

La libertad de ser uno mismo



 


Ser fiel a uno mismo es la mayor libertad que tenemos.

Ser libre para ser uno mismo.

Buscar espacio para ser.

Buscar un espacio en la familia para ser, en la pareja para ser, en la maternidad o paternidad para ser uno mismo lejos del otro, sin perderemos.

Puedes confiar en ti, y en tus recursos cuando estás contigo. Si estás en el otro, dejas tu espacio libre, desatendido.

Es importante marcar la diferencia entre estar en el otro, y estar con el otro.

Puedes estar “con el otro”, y al mismo tiempo contigo, esa es la forma ideal para no perderte, y por tanto, tener un encuentro de verdad también con tu acompañante, el mismo que tienes contigo.

Si puedes estar contigo, puedes estar con quien sea, es un espejo, una proyección. Charlar con alguien, sin perder la conexión con tus necesidades, es una maravilla, y no es fácil. La vida es un baile, son matices, y si estás pendiente de ellos y los sigues, puedes encontrar el punto de paz, de energía, y encuentro, o si no, todo lo contrario, acabar agotado, y con ganas de huir.

Generalmente nos balanceamos entre dos extremos, o estamos con nosotros, y nos cerramos al mundo, o estamos en el otro, y nos olvidamos de lo nuestro.

Las comparaciones, las envidias, vienen de alejarnos de nuestra propia conexión, única e igual de válida que cualquiera, con nuestra idiosincrasia, y nuestra belleza propia, y en cambio nos vamos al otro, en nuestro afán de querer lo que nos parece más bonito de él.

No nos responsabilizamos de lo que somos, por si eso que somos pudiera ser feo al ojo ajeno. Es más fácil elegir a alguien exitoso como gurú a seguir, que ser fieles a nosotros, aceptarnos, y disfrutarnos tal cual somos.

Cuando estamos “en el otro” no vemos a la persona que tenemos delante, sólo nos fusionamos con ella, con ganas de poseerla, o de alejarnos de lo nuestro, pero no la acompañamos, ni la escuchamos, ni empatizamos con ella, de hecho la mayoría de las veces desligamos al “exitoso” de sus propias miserias humanas.

Conforme más conciencia voy cogiendo, más me sorprende la poca gente que realmente escucha, y resuena con el otro. Estamos creando un mundo de personas artificiales, y estereotipadas, que responde como correctamente le enseñaron, que se visten adecuadamente, que hablan de lo que se debe hablar en las diferentes situaciones de la vida, etc. Es como un guión que entre todos hemos contribuido a instalar, y seguimos como actores una gran obra de teatro sin apenas contactar con la persona que hay detrás de ese papel.

Quieres llorar, cuando realmente “hay que reír”, o al contrario, quieres reír, y te ven como un loco porque en ese momento no toca. No te has aprendido el guión, y eso lleva el castigo de las caras largas, y la censura.

Lo adecuado, que no real, es considerado la visión de éxito para esta sociedad, generando zoombies, personas alejadas de sentimientos.

Si rascas debajo de muchos “triunfadores”, hay en muchos casos una desolación extrema, colindando con drogas, alcohol, etc, o si no llegan a ese extremo, con un vacío de fondo, que en algún momento resquebrajará todo su ser, especialmente cuando saboreen la derrota, y se esfume su nutrición, el éxito, pero en ningún caso están conectados con su propia fuente, siempre se alimentan del otro, de cómo los ve, bien o mal.

La sociedad “exitosa” es un grupo de princesas y príncipes en eterno baile artificial.

Cuando conectas con alguien de verdad, es tan nutritivo que vale la pena tener un solo amigo de verdad, a mil artificiales. La calidad nutre mucho más que la cantidad, lo segundo infla, no nutre, infla el ego.

El trabajo de búsqueda de uno mismo es un proceso en sentido inverso al que hemos seguido en muchos casos, por eso generalmente requiere trabajo terapéutico.

Son capitas de cebolla, primero comienzas con una, y luego con otra, y otra, y cada vez has conquistado más espacio propio, cada vez te sientes más capaz de todo, más capaz de enfrentarte a la vida. Lo que antes te costaba, ya no cuesta. Lo que era un mundo, se va facilitando, y un buen día te das cuenta de que la antigua carga se ha transmutado en un disfrute, o se ha mitigado, el espacio ya se ha hecho, ya te sientes tú misma, y claro está, siempre hay espacios por reconquistar, y pruebas a las que someterse, pero es un gusto tremendo constatar los progresos, son como oasis en el desierto.

Sentir que vas dominando tu vida, que la felicidad o infelicidad depende cada vez más de ti, de cómo te enfrentes a la vida, es muy sanador. Las circunstancias a veces no cambian, pero si cambias tú, el cambio para ti es visible. Siendo el mismo escenario de siempre, la misma madre, la misma hermana, si algo se transmuta en ti, eso se reflejará en tus relaciones.

La vida, a pesar de todas sus penurias, que las hay, a pesar de todas las pruebas a las que uno ha de someterse quiera o no quiera, luce con mayor intensidad, con mayor fuerza o bienestar cuando uno es el que maneja el barco, el que dirige su vida, el que siente que su espacio se va agrandando, respira tranquilo, y fluye con la vida como un pájaro en pleno vuelo.

Dori Pena Gayo - Psicóloga y Terapeuta Gestalt 




martes, 24 de mayo de 2011

Momentos de Conciencia

Se me ha ocurrido abrir este espacio para destacar momentos en que se me ha abierto la lucecita de la conciencia después de muchos momentos de recapacitar, y reflexionar sobre determinados temas que me preocupaban en cierta manera, algunas frases me surgieron espontaneamente, y otras se desencadenaron fruto de pedir a la vida que me concediera conciencia. La frase que utilizo, por si sirve, es: "Quiero ver algo más de ésto, lo que sea que necesite ver" y generalmente, y desde esa apertura, dejando espacio y paciencia para que brote, como una planta recién plantada y regada, al rato veo algo que hace que recoja su fruto, y esto me ha ocurrido en muchas ocasiones, de tal manera que ya lo utilizo como comodín.

Generalmente la bombilla se enciende cuando uno ya está preparado para recibir esa información. Esa frase sólo la uso cuando realmente me da todo igual, y lo único que quiero es luz, no quiero ganar ni perder, ni tener la razón, sólo ver, y por eso se me da, pero antes de llegar a esa petición ya se han fraguando unas cuantas batallas. Es sólo el final, como cuando vemos que un niño rompe r a caminar o hablar, nada de eso sería posible, si antes no hubiese practicado sin descanso. Es una acumulación de conocimientos y esfuerzos que hace que algún día se rompa el cascarón, y aparezcan retazos de luz que apaciguan el camino, y nos permite descansar durante una temporada al ser conscientes del sendero a seguir, o al menos a divisar, aunque aún no nos atrevamos a caminar, pero al menos no hay engaño, ni la frustración que genera querer cambiar un mecanismo y no poder, al no ver nada más allá de lo conocido. 

En una de esas reflexiones recientes, me llegó espontáneamente algo que ya sabía, y que aún así lo sentí como nuevo, por la profundidad de donde brotó:

      " Todo llega cuando estás preparado para recibirlo"


 


lunes, 21 de marzo de 2011

Hablar sin hacernos daño



Es complicado reaprender a hablar sin hacernos daño, ya que lo que hemos aprendido desde pequeños es lo contrario, a utilizar el reproche y la culpa como arma defensiva, es decir a sentirnos fuertes a través de boicotear al otro. El que llegue primero a desarmar y debilitar es el que gana, cuando en realidad es todo lo contrario, es el que pierde, ya que pierde el encuentro con otro ser humano, que en mayor o menor medida, le importa.
Esta forma de actuar rompe muchas relaciones de pareja, daña seriamente las relaciones de familia, e impide una relación sana con amigos y compañeros de trabajo, por eso es necesario dedicarle un tiempo de observación a cómo solemos actuar.

Si sentimos que cuando hablamos con el otro estamos en una pelea continua de egos, de búsqueda de poder; si apreciamos que lo primero que nos sale es un ataque o una predisposición a la defensa, es que no hay un diálogo, y algo dentro de nosotros necesita ser revisado.

La forma ideal de comunicarnos con el otro es desde nosotros, desde lo que sentimos, desde nuestro dolor, desde el miedo que tenemos, desde lo que sea que nos pase. Generalmente detrás de la rabia, se esconde dolor, es bueno ir hacia él para que de esa manera no tengamos que usar la rabia como expresión nuestra, el dolor llegará mejor a la otra persona, impidiendo que se sienta invadida, lo que le permitirá escucharnos con cierta relajación.

Si reprochamos a bocajarro algo al otro, generalmente reaccionará defendiéndose o preparándose para el ataque, más que para la escucha. Al invadir de forma agresiva el espacio del otro, éste se replegará silenciándose, o atacará para evitar la invasión, tal cual como una guerra, una guerra de egos; en cambio, si en lugar de eso, hablamos de nuestro malestar, del daño que nos provoca que el otro haga lo que sea, o desde nuestra propia dificultad, la cosa cambiará, ya que nos comunicaremos desde nuestro propio espacio sin invadir el del otro, y eso propiciará la escucha y la reflexión por parte de uno y del otro, al igual que la posibilidad de ver los errores mutuos.

En el desencuentro de dos personas existe un 50% de responsabilidad de cada uno, tan responsable es el que ocupa demasiado espacio, atacando, como el que se repliega, silenciándose. Ambos tienen dificultad para ocupar su propio espacio.


Es importante encontrar una comunicación más sana y fluida en estos tiempos tan necesitados de comunicación desde el corazón, más que desde la cabeza y la defensa. Es una tristeza que lleguen datos tan abrumadores como que el mayor número de suicidios y divorcios se dan después de las vacaciones de verano, o navidades, o que previa a las vacaciones aumenta el número de consultas psicológicas necesarias para enfrentarse al encuentro con la familia que engloba padres, pareja, hijos, suegros, cuñados, etc.. Estos datos hablan por sí solos y muestran la necesidad que hay de un encuentro real, desde el respeto, respetando nuestras necesidades, y las del otro. 


Muchas parejas para evitar el conflicto se aíslan, se silencian, dedican horas al trabajo, se refugian en los niños, huyen en definitiva de un encuentro que puede ser devastador, pero el silencio, la represión, el tragar, no limpia nada, todavía lo ensucia más, ya que toda esa frustración,  ese malestar queda estancado dentro de nosotros, y la agresividad que no sale para fuera, arremete por dentro, generando un daño mayor. De hecho, en muchas ocasiones, de parejas que apenas han discutido, salen divorcios tremendamente agresivos, de tanto acumulado sin expresar.

Por eso, desde el respeto mutuo, y la conversación saludable, sacando para fuera lo que hay, y siempre hablando desde uno mismo, es la forma de ir poco a poco construyendo relaciones más sanas y fluidas.

Dori Pena Gayo - Psicóloga y Terapeuta Gestalt

La exigencia nos mata a todos


Recuerdo un día yendo yo en autobús, que el bus paró de golpe y el conductor comenzó a pitar con gesto enfadado, un coche le impedía el paso, acto seguido algunos de los pasajeros comenzaron murmurar en contra de la conductora del automóvil, sin percatarse demasiado qué estaba ocurriendo antes de juzgar. Una señora maniobraba con cara de susto su coche, quería aparcarlo, y era incapaz de atinar correctamente, parecía bloqueada, y avergonzada. Un viandante se paró y con cara de circunstancias observó el espectáculo con gesto censurador. Todos eran lobos encima de una pobre oveja que no sabía cómo hacer para parar aquello, de lo obturada que estaba. Cuánto más torpe parecía, más encendida estaba la multitud, a nadie se le ocurría ayudarla o dirigirla, sólo criticarla, y yo que debía ser la única que protegía mentalmente a la pobre señora de imaginarme en su tesitura, me hubiera encantado que saliese del coche y exclamase a grito limpio, ¿qué?, ¡todos somos perfectos aquí! o ¿qué?, ¡nadie tolera una imperfección!, ¿no?, ¡ya no se permite ser humano!.

 Nadie tiene tiempo ni deja espacio para ello, andamos a mil por hora,  todo ha de salir perfecto si queremos que lo que tenemos planeado salga adelante, no suele sobrar ni un segundo, por eso exigimos al otro lo que nos exigimos a nosotros mismos, nos asemejamos a máquinas, y demandamos que el otro también reaccione como tal . 

Mucho de lo que nos complica la vida está relacionado con la exigencia, la exigencia con nosotros mismos y con los demás, el reproche por lo que hacemos y el reproche hacia cómo es y se comporta el otro.

La gestalt trabaja la conciencia de la exigencia con una técnica muy potente denominada “perro de arriba” y “perro de abajo”. Ambos “perros” simbolizan dos partes claras que habitan dentro de nosotros, y se comunican todo el tiempo, el perro de arriba es aquella voz que no para de juzgar, de decir lo que está bien o mal, de corregir, de criticar. Es la parte intelectual, moral, exigente, censuradora, que nos acribilla sin cesar, quemándonos, y provocando que nos sintamos unos sapos feos, sucios y olorosos. Se reconoce con facilidad en el uso de los “deberías”, o “tendrías que”, ejemplo: deberías hablar mejor, deberías adelgazar, no debería ser así…
El perro de abajo es el mandado, el pobrecito, el bloqueado, el sumiso, el tierno, el bladito, el que se adapta. Entra más en contacto con el cuerpo, las emociones, está más conectado con nuestras necesidades.

A veces escuchamos voces de un lado y del otro, es un juego interno, y podemos ver con facilidad en terceras personas una parte y la otra, el gato apaleado o el hitler, por hacer una caricatura. De lo que se trata es que ambos se comuniquen para llegar a un pacto en el que no gane uno ni pierda el otro, y se llegue a un equilibrio entre los deberías de la vida y las necesidades de uno.

Es importante descubrir cómo nos flagelamos y descalificamos, ya que al ser conscientes, bajaremos nuestra exigencia, tratando de esa forma de conseguir mayor paz en nuestro interior, que se reflejará también en el exterior, ya que atraemos de fuera lo que nos hacemos por dentro, el exterior es un simple espejo de nuestro interior, así que conforme más nos respetemos y cuidemos, mayor respeto tendremos del otro, y viceversa, conforme más nos castiguemos, más nos engancharemos en juegos de degradación, y con más exigencia nos trataran, por eso el cambio siempre ha de darse de dentro para fuera. La vida fluye, lo que somos y tenemos no es no es ni más ni menos que un reflejo de lo que permitimos que entre en nuestra vida.

En una ocasión le compramos a mi hija un DVD de lo que pensábamos que era la película de la Sirenita, pero resultó ser una versión un tanto diferente, bastante dura para ser un cuento de niños. Trataba de lo siguiente, la sirenita estaba enamorada del príncipe, para conseguir acercarse hasta palacio, hizo un trueque con la bruja del mar. La bella sirena le daba su voz melodiosa y dulce, su tesoro más preciado, el instrumento con el que podía expresar toda su belleza extasiando a los que le rodeaban, y a cambio la bruja le transformaba su cola en dos piernas. A partir de ese momento, la sirenita nunca más podría hablar, y al caminar sentiría el dolor de miles de cristales rotos clavándole la planta del pie a cada paso que daba; para más tragedia, sino conseguía enamorar a su amado, moriría convirtiéndose en una simple espuma del mar. A pesar de los duros tributos a los que se iba a someter, no lo dudó ni un momento, ya que su necesidad de amor era tan grande que le parecía que valía la pena.



Al dar sus primeros pasos sintió un dolor insoportable, pero con el tiempo se acostumbró, consiguió habituarse tanto al dolor, que ya formaba parte de ella, ya no lo sentía, no lo percibía, estaba encallecida. Podía sonreír, y dedicarle gestos amables y agradables a su adorado sin mostrar todo su malestar interno, lo importante no era su malestar sino que cayese rendido a sus pies. La mirada de la sirenita siempre estaba en el otro, nunca en ella, se abandonaba, se vendía, haciendo todo lo posible para que él no la abandonara.

Este cuento refleja con bastante claridad cómo nos vendemos por el amor del otro, como decía Osho, “somos mendigos de amor”. Al igual que la sirenita, a pesar de los múltiples dolores que tenemos, nos presentamos ante el mundo como si nada ocurriese. Para que no se trasluzca nuestras penurias, sonreímos a veces con ojos muertos, o contestamos de forma automática “bien” ante el saludo  estereotipado, ¿qué tal estás?. El maquillaje es el invento perfecto para ocultar nuestro malestar, una máscara que dificultará al otro y a uno mismo la visión de la realidad de fondo.

Vivimos en la cultura del disimulo, de la búsqueda del éxito y del reconocimiento a toda costa, de la necesidad de la mirada del otro para caminar, y eso provoca mucha neurosis, ya que se hace difícil el desahogo, y lo que no sale para fuera queda dentro provocando mucha disfunción. Tratar de estar perfecto siempre a nivel físico, emocional, mental es tal exigencia que nos mata.


Todo este esfuerzo por ocultar lo que consideramos rechazable de nosotros se hace por un poco de cariño y atención. Al igual que la sirenita, buscamos a nuestro príncipe que puede simbolizar cualquier persona a la que deseemos llamar la atención, dejando atrás nuestras opiniones, nuestros sentimientos, NUESTRA VOZ a cambio de un poquito de atención, y así sin voz, y con nuestros problemas, a modo de cristales incrustándose en la piel, tratamos que nos vean como personas exitosas, que nos admiren, que nos quieran por ello, que no nos abandonen. A veces es tan perfecto el disfraz, que nos lo creemos, y lo más triste llega cuando ya no somos ni capaces de percibir los miles de vidrios pinchando al unísono, de tan acostumbrados que estamos de convivir  con el malestar. El cuerpo grita y  se retuerce de dolor, y no lo escuchamos.

Al final del cuento, la profecía se cumple, el príncipe se casa con otra, con ella sólo mantiene una relación de amistad, por haberla rescatado del mar, y por la pena que siente al descubrir que es muda.

La sirenita pierde el juego, la bruja del mar le indicó que si no lo enamoraba, moriría convirtiéndose en espuma del mar, y eso fue lo que le ocurrió, y casi es mejor así, ya que sino seguiría con el mismo juego toda la vida, y esto es aplicable a cualquiera de nosotros, nos vendemos toda la vida, a veces por unas cuantas migajas. Recibimos lo mismo que nos damos a nosotros mismos, es decir, poco o nada. Es un ejemplo claro de que lo exterior y lo interior es en definitiva lo mismo, simplemente un reflejo.



A veces ese sufrimiento provoca que permitamos que caiga el disfraz que tanto tiempo hemos mantenido, y lo que pensamos que es un gran fracaso, se convierte en la gran oportunidad de la vida para crecer, para  verse mejor y estar pendiente de uno mismo.

Mucha gente se quiere morir, metafórica o realmente, y en cambio, ocurre todo lo contrario, renacemos por primera vez, pero para nosotros mismos, en lugar de tener la mirada depositada constantemente en el otro, pudiendo apreciar con toda intensidad nuestro dolor soterrado, y oculto, y nuestra voz volverá a recuperar espacio y brotar con un ay, y un llanto, y desde ahí podremos recuperarnos, extraer cada trocito de cristal incrustado, y bailar desde nosotros mismos, igual tal vez encontraremos a alguien auténtico como nosotros para compartir la vida en forma de amiga/o, pareja etc., o simplemente transformar la relación existente en algo nuevo y diferente, y esto es aplicable no sólo a la pareja, sino a cualquier relación de cualquier tipo, incluida la familiar o laboral. La exigencia y el olvido de nosotros mismos está presente en todos los ámbitos de la vida.

Dori Pena Gayo - Psicóloga y Terapeuta Gestalt