sábado, 19 de marzo de 2011

Evolución o Involución. Ir hacia la vida o hacia la muerte





Ir hacia la vida requiere fuerza, se necesita valentía para moverse de lo conocido hacia lo desconocido. La vida, tal como la conocemos, es una fantasía llena de seguridad en un mundo civilizado, pero a eso que llamamos vida tiene mucho de control, controlamos que no nos pase nada, a nosotros y a ningún ser querido, controlamos todo, lo que vamos a decir, cómo debemos presentarnos ante el otro, que el trabajo sea seguro, que estemos adecuados para cada ocasión, etc ,y nos fustigamos si algo sale fuera de nuestra seguridad.

"Dije esto en lugar de lo otro, seré…. "

Justamente porque creemos que podemos asegurarlo todo, no vivimos, andamos todo el tiempo de puntillas a ver si de esa forma sufrimos lo menos posible, pero la realidad es que padecemos el doble o el triple, y no aprovechamos la existencia en todo su esplendor.



Conforme más poder tenemos para evitar la muerte y el sufrimiento, con más fuerza crecen las fobias y los miedos a la falta de seguridad, experimentando más paranoia.


Cuesta ir hacia la felicidad, la penalizamos de múltiples maneras, nos da miedo cogerla, estamos muy acostumbrados al sufrimiento que por otro lado tiene un halo de santidad, está bien visto por la mayoría, ¡qué persona más sufrida!, ¡pobrecita!, casi se traduce en ¡qué buena es!, ¡qué válida!,  ¡cuánto le da a los demás!, ¡no piensa en ella!, pero la realidad es que es que una persona con tan poca autoestima suele cargar una gran dosis de frustración encima de ella, con poca conexión con la vida, y que, por tanto, poco puede aportar de ella a los demás en profundidad. 

Es importante cuidarse uno a sí mismo, si se quiere dar algo al otro, porque desde la carencia de uno, nada se puede transmitir. Primero necesitaremos recibir, proporcionándonos placer, descanso, para que desde ahí, desde esa plenitud, podamos aportar algo de lo nuestro al otro.


Así que sin exigencias, y poquito a poquito, dándonos cuenta de que un pequeño cambio ya es mucho, una pequeña relajación ya da la vida, es bueno ir caminando hacia ella. Una vez que degustas el tomar conciencia de las cosas, y observas cómo vas cambiando y floreciendo, ya no hay vuelta atrás. Por muy duro que sea dar un cambio, es multiplicado por mil la dureza de estar perdido. 

Es muy motivador, y aliviador sentir que eres tú el que tomas las riendas de tu existencia, en lugar de que sea la sociedad, los padres, la familia, los amigos, la pareja, o incluso los hijos, los que te dirigen a ti.



Es conveniente buscar un tiempo y espacio para reflexionar si eso que somos y tenemos,  es lo que queremos para nosotros. El giro a veces se hace complicado, pero sólo hay dos caminos: evolucionar o involucionar.


Se necesita salir un rato de tanta tarea que impide sentir el vacío de una existencia en ocasiones sin sentido, y hurgar un poco más dentro de nosotros. Una vez nos vayamos encontrando, la autoestima y el bienestar crecerán de forma ascendente, de ahí la importancia de la terapia, ya que desde uno mismo, y con nuestros propios recursos es difícil abordar la transformación. 

Generalmente somos muy fieles al estilo de vida de nuestra familia, y salir de lo pautado desde pequeños, nos hace percibir el vacío de alejarnos de lo conocido.


Tratamos de ser importantes a los ojos de nuestros padres, de ser fieles a su forma de divisar la vida, y en muchas ocasiones imitamos la suya con tal de acercarnos a ellos, que nos valoren, nos admiren, vean lo grandes que somos. 

En esta lucha por demostrar ser, nos perdemos, entregamos mucha de nuestra energía en ese objetivo, nos desgastamos cargando con esa ceguera, por eso es importante encontrarnos cuanto antes, y nunca es tarde para dar un cambio, que no sólo será propicio para uno, sino afectará de forma positiva en todos los miembros de una familia, especialmente en el caso de ser madre o padre. 




De la vida se aprovecha todo, tanto de lo malo como de lo bueno. El sufrimiento es una gran escuela, puedes salir reforzado, o deteriorado.  La terapia ayuda a que salgas más fortalecido, a que puedas encarar las situaciones espinosas con mayor serenidad, aprendiendo de cada complicación.

Ser fiel a uno mismo, y hacer lo que realmente uno desea, es otro de los puntos claves de la Terapia Gestalt.  El sentimiento de culpa y el miedo a la  perdida del otro se despierta cuando nos priorizamos, recriminándonos al sentirnos egoístas, pero sólo si te das placer, podrás transmitir placer, porque si renuncias a tu bienestar por el otro, también enseñarás al otro a hacer lo mismo, desnutriéndoos ambos.


Otra terapia interesante es Constelaciones Familiares, me gusta el orden que aplica a la vida. En constelaciones se representa el “ir hacia la vida” con la entrega a la madre, y pude constatar que así es, conforme más te das a ella, más te insuflas de vida. Es un gusto inmenso sentir la caricia de una madre, la entrega profunda como cuando eras niño. Es igual de complicado dar que recibir en profundidad, en ambos casos exige entregar parte de ti, estar contigo y con el otro, confiar en tu energía y en la del otro. Tanto si das como si recibes de verdad, te nutres de igual forma, te llenas de energía, pero para eso se tiene que aflojar el alma y flexibilizar la coraza. A veces uno ha de transitar por situaciones traumáticas, muy difíciles para sentir la necesidad de tomar algo del otro, ya que de otra forma seguiremos manteniendo el tipo, negando nuestra necesidad de contacto y nutrición. Conforme nos hacemos mayores, nos vamos estructurando, y acorazando, así que es complicado destruir lo que tanto trabajo nos costó formar, e ir hacia algo diferente. En ocasiones un golpe duro nos hace despertar y darnos cuenta de que mucho de lo que tenemos y por lo que tanto hemos luchado, ya no nos vale. Es también preciso discriminar qué nos sirve, y qué cosas nos hacen sufrir. La coraza nos impide sentir, pero igual que no se siente lo malo, tampoco se percibe lo bueno. Tratando de evitar el sufrimiento, perdemos por el mismo camino la felicidad.



La coraza ha sido durante parte de nuestra vida también nuestra aliada, se formó en situaciones de dolor intenso, generalmente cuando éramos pequeños, y vulnerables, y en su momento la necesitamos para sobrevivir en nuestro ambiente familiar, pero ahora se ha convertido en un impedimento para vivir plenamente, así que es necesario revivir otra vez el dolor primal para reparar la herida, y de esa forma recobrar nuestra flexibilidad y libertad.  


Es fundamental conocerse mucho a sí mismo, descubrir dónde está el origen de nuestros problemas, y desde nuestra libertad, y el amor hacia nosotros mismos, dirigirnos hacia el bienestar anhelado, hacia momentos de más apertura, y expansión, evitando ir por la vida a ciegas, dándonos golpes en cada esquina, sin sacar un aprendizaje sano de cada frustración



(Este artículo lo escribí para la revista saber alternativo, aparece en el nº  24 de dicha revista. Para más información http://www.saberalternativo.es/ .Allí encontrarás más artículos míos, además de mi perfil en colaboradores.)

                                          

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