sábado, 7 de junio de 2014

SALIR DE LA NEUROSIS PARA CONSEGUIR SALUD



La neurosis está conformada de mecanismos defensivos fijados en un momento de nuestra vida, generalmente en la infancia. En función de cómo ha sido nuestra familia, amigos, entorno, colegio…, es decir en función de cómo ha sido de funcional o disfuncional nuestro contexto, así será de grande o pequeña nuestra neurosis.

Si nuestro entorno ha sido saludable, hemos recibido cierta seguridad y confianza de niños, nos han dejado libertad y autonomía, hemos confiado en nuestro padres como personas capaces, nos hemos sentido en buenas manos, y sobre todo hemos percibido y creído en su amor. Matizo esto último porque es lo más importante, y lo más evidente. Todo padre suele querer a su hijo, pero no sólo es importante el amor que sienta el padre, sino hacerle saber al niño que es querido, expresárselo.

A mucha gente le cuesta decir te quiero a un niño, probablemente porque sus padres tampoco se lo dijeron a ellos, pero si un niño no escucha que le quieren de boca de sus padres, difícilmente lo suele deducir. Ante ese vacío, el niño piensa que debe ser malo, o hace algo mal para que no le digan te quiero; y lo mismo con el contacto físico, nutre más de lo imaginado.

Es importante para el desarrollo emocional de toda persona ingredientes como amor, confianza, libertad, autonomía, contacto….Ha de  sentirse amado, ha de confiar en sus padres como personas seguras y capaces, sentirse protegido por ellos, que sienta que sus padres también confían y creen en él como persona capaz, y que le propicien libertad y autonomía para que vuele. De ahí saldrá un adulto seguro, autónomo, capaz, amoroso, empático y nutrido.

Si alguien se ha sentido protegido, que no sobreprotegido, siente que el mundo es un sitio confiable, seguro. Si no ha sentido esa protección o confianza en sus padres que son la primera visión del mundo, deducirá que el mundo es inseguro, y se manejará desde la desconfianza y el miedo.

En función de cómo ha sido este contexto, generaremos unos mecanismos de defensa u otros. Si nuestros padres fueron muy estrictos, puede ser que de ahí salga un niño sumiso, obediente en todo, para que sus padres no se enfaden con él, o a veces lo contrario, puede formarse un rebelde, que no acepte ninguna orden por abusivas que han sido, pero nunca un niño sano y equilibrado que hable y se exprese con libertad.

Si le ha faltado protección, y ha caminado solo en circunstancias que necesitaba compañía, muy probablemente le supere todo en la vida, y sea un adulto temeroso, inseguro y con falta de decisión.



En fin, hay tantos contextos como familias y personas hay en el mundo, así que de lo que se trata es de investigar de forma personalizada cómo se formó esa estructura defensiva y en definitiva salvadora para el niño en un momento determinado.

La fijación tiene el poder de adaptarse a un contexto para sobrevivir. Si vives un contexto de guerra, estarás siempre receloso viendo para los lados, eso es apto para ese contexto, pero cuando se termina la guerra, la persona sigue fijada, y extrapola el contexto vivido a todo en la vida, sigue desconfiando de todos y de todo, y eso no es vida, no se puede vivir así ya en paz.

Se trata de ver dónde y cómo se fijó, y luego trabajarlo desde ahí, despenalizando la situación, tratando de que el paciente la observe desde lo que ahora es, un adulto y no un niño. El niño no tenía recursos, y se encontraba rodeado de  adultos que le mandaba, y de los que no podía separarse porque no sobreviviría, pero ahora es un adulto y no un crío, seguramente viva separado de sus padres, con su propia autonomía, y aún así, en el fondo, actúa como un niño, siguiendo las órdenes de sus padres y haciendo su vida a imagen y semejanza de lo que ellos querrían para él o ella.

La mayoría de adultos se mueven siguiendo los mandatos familiares y no los cambian por muy destructivos que hayan sido para ellos porque es a lo que pueden agarrarse, e incluso, sin creer en ellos, siguen transmitiéndoselos a sus hijos, perdurando una disfunción sin sentido.

Es importante tomar conciencia de todo ello, ver con claridad la situación, y a raíz de observar el daño, cambiar la situación. Puede ser que desde esa nueva perspectiva uno intente cambiar, y no quiera dañarse más.

Una vez se observa con claridad cómo uno se boicotea, qué mandatos paternos se ha tragado literalmente sin deducir si los quiere o no para su vida. Una vez se da cuenta de la libertad que tiene para transformar su vida, la persona suele dirigirse hacia los que le gusta, lo que le hace bien, alejándose de lo dañino.

Se trata de un proceso de autonomía y madurez, en donde uno es el protagonista de su vida.  

Dori Pena Gayo – Licenciada en psicología (colegiada G-4975)


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